Para el hombre escribir es una necesidad, es parte de su existir
armandogmunoz  
 
  Marianao, mi barrio 13-12-2017 18:56 (UTC)
   
 





                              Marianao, mi barrio
 
Soy de Marianao, del Marianao antiguo, el glorioso, el magnífico lleno de vida, el que existió antes del fatídico día, el que incluía en su geografía todo lo que es hoy los nuevo municipios Playa y La Lisa, comenzaba desde el rio Almendares, hasta los límites del pueblo de Bauta, tenia lugares tan ilustres como la playa de Marianao, donde tantos artistas nacieron para ser embajadores y gloria del mundo, en el tramo de la quinta avenida que se llamo “el gran boulevard de Marianao”, la escuela y escenario obligado para músicos populares reconocidos y aspirantes, la cuna de la “música de fritas” nombre dado por el mas francés de los cubanos el maestro Alejo Carpentier, por sus precarios escenarios pasaban cada noche, estrellas como Benny More, Antonio Arcaño, Arsenio Rodríguez, Rolando Valdez, Tata Güines, Senén Suarez, Carlos Embale, debutaron noveles figuras, como Juan Formell, Changuito y muchos más, hasta el famoso y olvidado travesti Musme.
El Barlovento Yatch Club, el Habana Yatch Club, el Casino Español, El club Náutico, otras playas de grandes nombres, que fueron cambiados por el de los compañeros muertos en combate, en la aventura de la sierra, el Coney Island, el cabaret Tropicana, un central azucarero, el “Toledo”, el hipódromo, el cinódromo, el adjetivo de “Ciudad que Progresa”, que le dio el alcalde Francisco Orue, en su escudo, algo que ha hecho suya, su hermana ciudad de Hialeah.
La majestuosa edificación, del “asilo de Carvajal”, fundado el 2 de marzo de 1911, un centro para el cuidado de ancianos y minusválidos que se derrumbo antes la falta e imposibilidad de mantenimientos y reparaciones, después de costar dos muertes en personas de los alrededores que sacaban los ladrillos para mejorar sus precarias viviendas, la persona que lo dirigía trascendió en el tiempo, era una diminuta elegante anciana española siempre cubierta con mantillas negras que hacía llamar duquesa, cuando le llamábamos señora rectificaba y nos decía, “Señora no, señorita”.
No teníamos “ten cents”, pero teníamos nuestra tienda “Sears”, solo dos existían en La Habana, el Colegio de Belén, después convertido en el “Instituto Técnico Militar José Martí”, que manera de mancillar el nombre, de un hombre que amo a Cuba, la paz y las letras, más que su propia vida.
Lugares tan malos como los “llega y pon” a la orilla del rio Quibu de Pocitos y Coco Solo, Zamora, El Palo Cagao, no tan malos, como Buena Vista, Pogolotti el primer barrio obrero del país, fundado en la fecha patria del 24 de febrero de 1911, que contaba con un complejo deportivo con piscina olímpica y terreno de beisbol, canchas de from tenis, la altura de La Lisa, El Palmar. La Ceiba, Alturas de La Salle, de Belén, los Quemados, Buen Retiro, El Náutico, El Bosque, Flores, Santa Felicia, todos marianenses, con más o menos alcurnia, con más o menos renombre.
El cuartel de Columbia, lugar donde ve la luz el 19 de diciembre de 1910, el ilustre, acosado y perseguido escritor José Lezama Lima, sitio donde el general mulato, abordo el avión, para partir al exilio, después de negociar su salida del país, a cambio del respeto, que el barbudo aventurero no cumplió, el mismo que convirtió los “cuarteles en escuelas”, en su primera etapa de engaño y después convirtió en una escuela con intrusión militar en su etapa de convertir las “escuelas en cuarteles”, en su militarización de la educación y de todos los estratos sociales del país.
El monumento a Carlos J. Finlay, el inmenso obelisco que se encuentra en la intercesión de la calle 100 y la ave 31, una enorme jeringuilla hipodérmica, rodeada por las ahora escuela de economía, antes un kindergarten, un asilo de ancianos, una secundaria básica, en la edificación que fuera la escuela normal y le escuela de arte de San Alejandro, el antiguo instituto de Marianao, después, hasta que desapareció, el pre de Marianao, hoy una escuela de enfermería, La Liga Contra la Ceguera, si, el lugar donde se han operado tantos ciudadanos del mundo, fue hecho en la anterior dictadura, esta solo le agrego, los salones de operaciones creados para su negocio e imagen internacional a costa del hambre y las penalidades del pueblo, para seguir siendo “candil de la calle, oscuridad en la casa”, La Maternidad Obrera de Marianao, premio de arquitectura por su singular diseño, visto desde el aire, son los órganos reproductores femeninos, el Hospital Militar, la biblioteca, el ayuntamiento de Marianao situado en su mismo corazón, con su anfiteatro, muy cerca del monumento al Apóstol de la Independencia, que se erige en la calle 124, La Casa de Socorro, el puente de La Lisa, La iglesia dedicada a San Francisco Javier de Los Quemados, fundada en 1738. Que han hecho esta dinastía, que no sea cambiar de nombre los lugares y destruir lo que antes estaba hecho, aprovecharse de la inocencia y el desconocimiento de un pueblo que creyó y confió en el, por razones aún desconocidas.
Así me adentro en mi pedazo de ciudad, donde nací, “el barrio de Los Quemados”, un sitio sin un nombre rimbombante, sin grandes industrias o negocios, pero dónde la comunidad vivía ilusionada, que todo podía ser mejor, a lo que fue, existían allí en mi barrio y sus cercanías, más de quince cines, el desarrollo revolucionario solo ha dejado uno, El Lido y sin aire acondicionado, pequeños negocios, tiendas, mueblerías, peleterías, quincallas, cafeterías, bodegas, tiendas, boticas, quioscos, timbiriches, carritos fiambreros, de granizados, de helados, nuestros padres y abuelos hablaban con nostalgia, cuando se referían al pasado glorioso de nuestra ciudad, las noches en que iban a comer sopa china, con bistec y tostones, en la plaza de Marianao o el bar Ampudia, en ese que después de convertido en cafetería nos sacio a nosotros con la croquetas al plato y las empanadas de “ave”, el sitio obligado en mi generación para la reunión madruguera cuando regresábamos de casa de la novia o alguna fiesta sabatina.
Era un barrio lleno de contradicciones y colorido, la zanja nos separaba del barrio de Buen Retiro, esa zanja que recogía nuestros desperdicios, los arrojaba, al rio Quibu, antes que este los depositara en la aristocrática playa del Náutico, muy cerca de las señoriales casas de los ricos y suertudos. La misma zanja que inspiro al maestro Wilfredo Lam, para pintar sus más famosos cuadros de “La Jungla” y “La silla” mientras residía en la antigua calle Panorama # 42, hoy la avenida 41, a solo tres casas del castillito, el de los cañones, el que tantas veces conquistamos, como capitanes y soldados aventureros. La zanja, el sitio preferido por la chiquillada, para los juegos de “escondidos” y “policías y ladrones”, lugar, por donde otrora circulara el tren, que saliendo desde la playa, llegaba hasta la calle Zanja, en La Habana, el que usaban los jóvenes para ir al Vedado, para asistir a sus clases en la Universidad y el que muchos hoy no recuerdan, ni saben que un día, existió.
En mi barrio había todo tipo de personas, decentes, honradas, trabajadoras, otros, no tanto, como en todos, los hay y los hay, pero algunos con nombres muy ilustres, recuerdo algunos, “Emilio, el sordo”, hoy me viene a los recuerdo, un día que tras darle varias puñaladas a su amigo de “juma”, a “su socio Aguilera”, en la puerta de mi casa partió el cuchillo, aun con huellas de sangre en varios pedazos, “Juan, el Ruso” llevaba el nombre, no por ser ruso, mucho menos, blanco caucásico, todo lo contrario , era un mulato, más bien un “jabao”, esos que no se sabe que raza son, “Jesús, Luz fría”, “Silvio, el buey”, “Mario, Pata Larga”, “Papito, el zurdo”, no existía un “Papito derecho”, pero si uno gordo, una, no tan chica, de la que no recuerdo el nombre, pero todos decían “Meneíto”, por el movimiento de sus caderas al caminar, aunqué las mujeres envidiosas, decían que sus maletero, era de relleno, pero es cierto, que caminaba con mucha cadencia, “Manguilla”, “Cabilla”, ”Puchito, el indio”, un “Che, carnicero”, que no era argentino y menos guerrillero, “Lázaro, el moro”, otro “Lázaro, muñeco”, “Lourdes, la quende”, “Luis, el pollero”, otro Luis, “Luis, Garabato”, que se caso con una muchacha, bien flaca, que le decíamos la máquina de coser, por la forma que movía la cabeza al caminar, parecía que daba puntadas, “Jesús, Manguera”, la pareja de “Mayra, la sorda” y “Messie, el albañil”, “El bicho”, “Nelson, el feo”, “Roberto, el mudo”, “Joseito, el cabezón”, “Juana la cartomántica”, bien famosa, en la barriada, por sus habilidades, “el señor Míster Meco”, un personaje singular del “solar del Washington”, padre de muchos en este sitio, en este mismo lugar nació, “Tania, navajaso”, quien se hizo famosa por ser progenitora de la primera cubana-americana nacido del éxodo del Mariel, una niña que fue bautizada con el nombre de “Mariel”, “Juan Carlos, el gallego, Cucuchi”, el viejo Serafín, un señor que le faltaba un brazo, pero arreglaba las planchas, batidoras y demás enseres de los alrededores, el más famoso de los homosexuales del barrió,” Rafelito, el Pluto”, conocido por pato, marañero, estafador, por cumplir largas condenas en prisión y por ser quizás que sepamos uno de los primeros muertos del virus del SIDA, aunque en esa época desconocíamos lo que era. Su hermano, otro “Papito, el cojo”, perdió una pierna cuando se colgó en “escena”, de una guagua de la ruta 96 cuando iba para la playa, esto no le basto para tener residencia fija en el Combinado del Este, a estado preso, más de lo que ha estado suelto, en una ocasión cuando saltaba el muro del “salón mambí” de Tropicana, un policía lo tomo por la prótesis, de la pierna que le faltaba y él se escapo, el policía casi muere de susto cuando se vio con la pierna en la mano, “Lázaro, terina”, no se cual era la razón pero desde niño, cuando venia la policía, salía corriendo a esconderse en su casa, “Raulito, el gordo”, el que jugaba en nuestros pitenes de pelota, detrás del “quechet”, era tan malo, que nadie lo quería en su equipo, pero si no lo dejaban participar, acababa con el juego, era el dueño de la pelota, el bate y los guantes, ustedes lo conocen hoy, por su programa de chismes y farándulas, “El Gordo y La Flaca”. La bodega de Julio, el gallego”, donde su ayudante “el negro, Rigo”, hablaba ingles y fue quien tradujo, todos los documentos, de los primeros reclamados. Hermanos tan diferentes como “el Toti, siempre preso por bandido y Kiko, bailarín del cabaret Copa Rum, del hotel Riviera.
De nuestro barrio salió el defensor del campo corto de los Industriales y del equipo Cuba, Rodolfo “el Jabao” Puentes, Pablo Pozo, otro pelotero radicado en Nicaragua, hace muchos años, Alberto Pérez, el boxeador, Carlucho, la pareja de carreras, del campeón olímpico y hoy viceministro, Alberto Juantortena, no sé, si nació, pero si vivió, hasta que perdió el avión de retorno, en un viaje, el maestro Paquito d’ Rivera. Tuvimos nuestro historiador, Marín, que gano un viaje a la extinta Unión Soviética, en el programa que conducía, el hoy narrador de los Marlins, de la Florida, Ñiqui Quintana, que tenía el nombre de “9550”, la distancia entre nuestra capital y la capital de la metrópoli, Pedro Díaz jugador de la Liga Profesional de Beisbol Cubana, en los años 40.
El éxodo del Mariel, trajo un vacio en el barrio, no sé cuantos emigraron en esa fecha, pero perdimos a muchos de nuestros ilustres vecinos, recuerdo a “Maní”, le decían a si por su adicción, nos quedamos sin la abundante fauna de plumíferos, se fueron “Gloria Swanson, la sueca”, “Armando, el tucán” por su gran nariz, Arsenio, otros que el tiempo ha borrado de mi mente, se fue nuestro héroe de la guerra en Angola, “Frank, el cojo, cambio sus medallas de combatiente internacionalista, por la carta de escoria, para poder emigrar, Pino, Enriquito, que estudiaba en la facultad de medicina y se convirtió en otra “escoria”, “el tato” o como también le decían, “muñequito”, “Tata picadillo”, una ilustre morena del “solar del 21”, el “yiyi”, es criminal que lo mandaran, todos sabían de sus problemas, no era muy normal, más bien tonto o lelo, muchos aprovecharon la oportunidad que les dio “el comediante en jefe”, para hacer sus sueños realidad, escapar del paraíso revolucionario.
Como todo lugar que se respete tuvimos nuestro bobo famoso, “el Billy”, no era un pistolero del famoso oeste, pero era un incondicional compañero de bromas adolecentes, imitador del baile de Michael Jackson, se tocaba la nariz con la lengua, apadrinado y recogido por los hermanos Carlos y William Escobar, fue nuestro compañero, en las labores de una escuela al campo, en el campamento Silvia Rosario, cerca de Güira de Melena, en la época que estudiamos en la secundaria básica. Existía otro que solo deseaba una mujer en su cama, medio sordo gritaba a los cuatro vientos, “¿Por qué no puedo tener una mujer, si me baño todos los días?”, “yo quiero una mujer, para…” lo que se imaginan gritaba, siempre que alguien le preguntaba, si tenía sexo.
Amores de adolecentes, bellas chicas de nuestra edad, de la que fuimos novios escondidos, algunas de besos furtivos, otras, sin que muchas veces, ellas se enteraran o supieran que éramos novios, terceras, no tan chicas, que se encargaron de despedazar nuestra inocencia y virginidad en un portal a oscuras, en un descuido o salida de nuestros padres o sus esposos, que aprovechaban, para consumar sus deseos libidinosos, con muchachos jóvenes e inexpertos, como maestras y consejeras en el arte de amar, a ellas hoy, en mi recuerdo, mis más sinceras gracias, por tanta generosidad para nosotros.
Recuerdos que hoy regresan, entre la tristeza y la nostalgia, de tantos años pasados, del olvido de nombres y rostros, del olvido de momentos felices, que un día vivimos y no regresaran jamás, como tampoco regresaran otros que quedaron en el camino, que no llegaron a peinar canas, Cesar, Jaime, Ramón, Carlitos, a ellos mi sincero homenaje y mi recuerdo.
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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